viernes, 10 de junio de 2011

Abducciones y control de la mente

Abducciones y control de la mente
Otra imagen que representa lo que sería el aspecto de los extraterrestres, según miles de testimonios

Entre los ufólogos, el término "abducción" se usa para referirse a una experiencia, o conjunto de experiencias, extremadamente confusas, compartidas por una enorme cantidad de individuos (en los Estados Unidos, más que nada) que dicen que fueron raptados por viajeros estelares de sus camas, o de sus autos, y sometidos a interrogatorios, exámenes cuasi-médicos y períodos de aprendizaje. Los afectados dicen que estas sesiones ocurren, usualmente, dentro de naves espaciales. Es frecuente que los relatos produzcan una reminiscencia de las torturas que se aplicaban en los campos de exterminio nazis. Los abducidos casi siempre —aunque no todas las veces— pierden la memoria y no recuerdan los sucesos sufridos, encontrándose de regreso en sus autos o camas sin ser capaces de dar explicaciones sobre esas horas de tiempo perdido. Los recuerdos surgen luego explosivamente a causa de algún disparador, o por hipnosis, y la niebla se aclara. Los abducidos exponen una serie de experiencias que resultan muy similares entre caso y caso. El factor más extraño de estas raras historias es que los abducidos, a pesar de haber sufrido las agonías que relatan vívidamente, aseguran que aman a sus torturadores alienígenas. En esto hay otra coincidencia con las sensaciones que dice sentir el protagonista (mientras está siendo torturado) de la antiutópica novela 1984.
Como es lógico, hay dos posiciones extremas con respecto a este fenómeno, los creyentes y los escépticos. Vale la observación de que entre los propios abducidos hay personas que pertenecen al grupo de los creyentes, pero no lo son todos. Lo que sí queda claro es que, por razones lógicas, no es normal que los abducidos sean escépticos de su propia experiencia. Los creyentes aceptan los hechos, a pesar de la apariencia absurda de los relatos, de las contradiciones internas, la lógica oblicua de la construcción narrativa y la discontinuidad severa de la respuesta emocional a las acciones que se describen. Creen a pesar de que los "hermanos del espacio", según los testimonios, utilizan tacticas viles e inhumanas que a la mayoría de nosotros nos horrorizaría aplicar a un animal. Más aún a una raza avanzada. Los creyentes creen a pesar de la dificultad de reconciliar esos terroríficos relatos con sus imágenes de bondadosos extraterrestres.
Se ofrecen a veces algunas racionalizaciones, como por ejemplo: "Los alienígenas no perciben el daño que están haciendo", o "Algunos alienígenas son malvados". Los creyentes vuelven confusos sus razonamientos cuando insisten en que el fenómeno implica la llegada de una nueva era, que traerá los beneficios de los "ángeles" a sus amados visitados. Se dice que los alienígenas saben suficiente sobre nuestra sociedad como para lograr que sus actividades no sean detectadas por las autoridades y el público; se comunican con lenguajes humanos; conocen detalles privados de la vida de sus abducidos, y sin embargo se muestran tan ignorantes de nuestra cultura como para desconocer los preceptos morales básicos referentes a la dignidad de los individuos y su derecho a la autodeterminación. Estas dicotomías no molestan a los creyentes. Son personas de fe, y se asume que la fe tiene sus misterios...
En oposición, los escépticos descartan de plano los relatos, los descartan a pesar de algunos intrigantes detalles que parecen confirmarlos: los sucesos con testigos múltiples, los rastros físicos dejados por los raptores, las cicatrices y los implantes que se pueden encontrar en los abducidos. Rechazan automáticamente los testimonios aunque éstos coinciden en enormidad de rasgos, aún sin que haya habido ningún contacto, ni personal ni cultural, entre los individuos que los dieron, y aparezcan repetidos pequeños detalles que no conoce el gran público.
Un investigador escéptico de los Estados Unidos llamado Philip Klass, que aparece en programas de TV de Estados Unidos como "Nova" y "Nightline", afirma que la abducción es una enfermedad psicológica que se propaga gracias a los que escriben sobre ella. El argumento se parece mucho a uno que dice que el extremismo se propaga debido a la exposición que se le da en los medios. Es decir, que la guerra que encaran ciertos grupos usando métodos terroristas no tiene otra razón de existir que el logro de ser publicitados por los medios. Parece una simplificación horrorosa... incluso burda.
Pero podría ser que el error de ambas posiciones sea conectar el fenómeno de la abducción con el fenómeno OVNI. A primera vista, la conexión parece natural. Si hablamos de seres extraños haciendo experimentos sobre humanos no queda más remedio que pensar que llegaron desde el espacio, conduciendo naves. Sin embargo, los OVNIs y las abducciones podrían ser cosas separadas. Se dice que el mito de los OVNIs podría haber ofrecido una efectiva cobertura para tapar un misterio absolutamente diferente. Lo que da una tercera alternativa. Esta posibilidad no tiene que ver con lo paranoral ni la CF, sino con el secreto. Veamos cómo.
Dice esta teoría que los abducidos sí fueron raptados y sometidos a exámenes, pero están relatando una fantasía, no suya, sino un conjunto de mentiras que se les ha insertado para que crean y repitan. La hipótesis dice que el rapto, el miedo, el dolor y el "aprendizaje" son reales. Pero los alienígenas de ojos saltones llegados de Alpha Eridani no son reales: son contrucciones, máscaras de carnaval utilizadas para ocultar los verdaderos rostros de los captores. Puede ser que los abductores no sean visitantes del espacio exterior, sino oscuros agentes de investigación de la mente.
Extraterrestres terrestres

Otra imagen de un trabajo real de experimentación sobre control mental en animales, en la que se aprecian dos electrodos hundidos profundamente en el cerebro de un mono

Existe sustancial evidencia que conecta miembros de la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos con el uso de avanzada tecnología de control mental. Han trabajado décadas ocultamente en campus universitarios, institutos oscuramente financiados y prisiones, experimentando con el borrado de memoria, la resistencia hipnótica a la tortura, sueros de la verdad, sugestión post hipnótica, inducción veloz de hipnosis, estimulación electrónica del cerebro, radiaciones no ionizantes, inducción por microondas de voces intracerebrales, y un montón de tecnologías aún peores.
Se han escrito y están disponibles varios libros sobre estos temas y también existen reportes del Congreso de los Estados Unidos. De todo este material surge que: 1) Aunque algunos testimonios ante el Congreso indican que los esfuerzos de la agencia norteamericana de inteligencia en el tema de lavado de cerebros han tenido poco éxito, en realidad se han logrado impactantes avances en el campo. 2) No se ha interrumpido la investigación, que continúa en forma clandestina, aunque la CIA diga que no sigue financiando estudios de ese tipo. 3) La CIA no es la única agencia del gobierno de los Estados Unidos involucrada en estas investigaciones. De todo esto surge que el fenómeno de la abducción OVNI puede ser un resultado visible de la continuación de las operaciones clandestinas de control mental.
Es cierto que esta explicación puede aparecer tan ridícula como el fenómeno en sí. De todos modos, es mucho más plausible que la de los extraterrestres. El creador de esta teoría ofrece un ejemplo: un teórico del posible uso de hipnosis en la guerra y veterano del proyecto MKULTRA llamado George Estabrooks sorprendió a unos amigos en una ocasión, durante una fiesta, haciéndoles creer que había llegado el Primer Ministro de Inglaterra. Sus víctimas pasaron una hora conversando con la honorable visita, le sirvieron y compartieron unos tragos. Sus mentes —sus memorias— quedaron convencidas de que el hecho de verdad ocurrió. Si el hipnotismo puede evocar un inexistente Primer Ministro, ¿por qué no podría hacer aparecer a un representante de la estrella de Barnard?
Sin embargo, la tecnología actual de control mental es mucho más que mera hipnosis. Alguien piensa en Norteamérica que hay buenas razones para creer que las abducciones OVNI se deben a experimentos continuados de un artefacto de lavado de cerebro y modificación del comportamiento. Utilizando la mitología OVNI como tapadera, los experimentos han encontrado solución al principal problema de las investigaciones llevadas en décadas anteriores: el "problema de los desechos". Es decir, la terrible cuestión de qué hacer con las víctimas luego de someterlas a los experimentos.
Hay un hecho esencial: la tecnología existe.
Tecnología invasiva

Objeto implantado que se removió de un denunciante de abducción

Los tentáculos del proyecto MKUltra se extendieron por numerosas universidades de los Estados Unidos y se enroscaron alrededor de los cuellos de un ejército de científicos, lo que lo convirtió en el más ominoso del catálogo de la agencia de inteligencia. Utilizando MKUltra, la agencia creó un programa pantalla dedicado a lograr la invasión de lo que George Orwell llamó una vez "el espacio entre nuestros oídos". ¿Qué estudiaban allí? Todo lo que pudiese servir, incluyendo hipnosis, condicionamiento, privación sensorial, drogas, cultos religiosos, microondas, psicocirugía, implantes cerebrales e incluso percepción extrasensorial. Cuando el proyecto MKUltra fue "destapado" al público durante una gran investigación a la CIA que se realizó en los setenta, la atención pública se centró mucho más en la experimentación con drogas y los trabajos con percepción extrasensorial que en los otros aspectos. Las otras áreas del estudio siguen envueltas en el misterio, justamente aquellas que pareden ser las que más interesaban a los investigadores, como la psicoelectrónica. Esta investigación puede ser clave para entender el fenómeno de la abducción OVNI.

Otros objetos que, según afirman algunos médicos, fueron extraídos de las víctimas de abducción

Quizás las evidencias más interesantes del fenómeno de las abducciones son los implantes intracerebrales que aparecen en muchos abducidos y que, al parecer, son visibles con los rayos X y los escáneres de resonancia magnética. Además, a menudo los abducidos describen operaciones en las que se les introducen agujas en el cerebro; más frecuentemente aún, declaran que les implantaron objetos extraños a través de las cavidades nasales. Muchos especialistas en abducciones asumen que esas incursiones intracraneales se deben a trabajos de investigación de los científicos llegados de las estrellas. Desafortunadamente, estos investigadores no se preocuparon por familiarizarse con ciertos avances no muy conocidos de la tecnología terrestre.

Otro objeto extraño retirado de un paciente

Los implantes de los abducidos sugieren un parentezco tecnológico que puede seguirse hasta un artefacto conocido como "stimoceiver", inventado a fines de los cincuenta por un neurólogo llamado José Delgado. El stimoceiver es un sistema de electrodos en miniatura que puede recibir señales de ondas de radio FM. Estimulando un stimoceiver debidamente ubicado, un operador externo puede lograr un sorprendente grado de control sobre las respuestas del sujeto.
El ejemplo más famoso de un stimoceiver en acción transcurrió en una corrida de toros en Madrid. Delgado "conectó" al toro antes de que éste ingresara a la arena y luego ingresó allí sin ninguna protección. El toro, furioso, se lanzó sobre el doctor, pero se detuvo de golpe cuando ya lo alcanzaba: el técnico convertido en torero había detenido al animal con sólo apretar un botón en una caja negra que llevaba en la mano.

El stimoceiver, un implante cerebral real, "made in Earth", años sesenta

El libro de Delgado Physical Control od The Mind: Toward a Psychocivilised Society (Harper and Row, 1969) sigue siendo el único trabajo completo y escrito como divulgación sobre implantes intracerebrales y estimulación electrónica del cerebro. Aunque el avance posterior en la materia ha superado largamente las técnicas que se describen en este libro, los logros de Delgado fueron esenciales. Sus experimentos sobre humanos y animales demostraron claramente que el experimentador puede inducir emociones y comportamientos por medios electrónicos. Bajo ciertas condiciones, un operador externo puede generar reacciones temperamentales extremas, como odio, placer, fatiga, etc., de manera tan simple como un organista toca una nota musical.
Delgado escribió: "La estimulación radial de diferentes puntos en la amigdala y el hipocampo produjo una variedad de efectos en cuatro pacientes, como sensaciones placenteras, júbilo, atención extrema, gran concentración, raras sensaciones, super relajación, visiones coloridas y otras respuestas". La evocativa frase "visiones coloridas" indica claramente que se indujo un alucinación de forma remota. Más adelante veremos cómo pueden ser controladas las alucinaciones por un operador externo.

El improvisado torero detiene al toro con su control remoto

Hablando en 1966 —y reflejando lo que había visto en sus años de investigación— Delgado afirmó que sus experimentos "respaldan la desagradable conclusión de que el movimiento, las emociones y el comportamiento se pueden dirigir por medio de electricidad y que los humanos pueden ser controlados como robots, pulsando botones". Incluso profetizó que el control cerebral podría ser hecho por operadores no humanos cuando se pudiera establecer una comunicación inalámbrica bidireccional entre el cerebro implantado y una computadora.
Delgado dijo de uno de sus sujetos de experimentación que "el paciente expresa sucesivas sensaciones de desmayo, miedo y de estar flotando. Esta sensación de flotar fue evocada reiteradas veces en diferentes días al estimular el mismo punto...". Los investigadores de los OVNIs reconocerán la similitud de esta secuencia de sucesos con los reportados por los abducidos en los primeros momentos de sus experiencias. Es posible que con una hipnosis posterior se instruya al abducido para que olvide la causa de su sensación de flotar.

Control físico sobre un primate

En una fascinante serie de experimentos, Delgado unió un artefacto a la membrana del tímpano de un sujeto, convirtiendo así su oído en algún tipo de micrófono. Un asistente susurraba "¿Como estás?" al oído del sujeto y Delgado podía oír esto en un altoparlante en el cuarto de al lado. La aplicación de esta tecnología al espionaje debe haber sido evidente de inmediato. Según Víctor Marchetti, un veterano de la CIA que fue entrevistado por el autor de un libro sobre el tema, la agencia norteamericana probó una ampliación de esta idea básica, en la que los implantes radiales eran unidos al caracol del oído de un gato, para facilitar el centrado en conversaciones específicas (las orejas de un gato son direccionables). Es decir, si uno está planeando algo contra los Estados Unidos, es mejor que no hable cerca de un gato... incluso de cualquier animal...
Las ramificaciones de esta técnica pueden haber llegado aún más lejos que lo que indicó Marchetti. Si la membrana del oído de un sujeto se puede convertir en micrófono, también puede ser transformada en parlante, y esta es una posible explicación para las "voces" que oyen los abducidos. Martin Cannon, el autor de esta teoría, dice haber visto en persona un implante opalescente dentro del canal auditivo de un abducido. Él no ve razones para atribuir este artefacto a una intrusión extraterrestre; es mucho más plausible que hayan sido los herederos tecnológicos del doctor Delgado. De hecho, pocos años después del experimento de Delgado, Ralph Schwitzgebel inventó un "insecto-en-el-oído" que el terapista podía usar para comunicarse con su paciente.

Y también implantaciones de control sobre pacientes humanos

Otros investigadores han hecho notables contribuciones a este campo. Robert G. Heath, de la Tulane University, implantó hasta 125 electrodos en sus sujetos y logró gran notoriedad al intentar la cura de la homosexualidad por medio de electroestimulación cerebral. En sus experimentos, descubrió que podía controlar la memoria de sus pacientes, algo que, aplicado al contexto de la ovnilogía, puede explicar el fenómeno del "tiempo perdido". Además, Heath podía inducir en us pacientes excitación sexual, miedo, placer y alucinaciones.
El propio Heath, y otro investigador, James Olds, han dicho cada uno por su lado que hay áreas del cerebro, dentro del hipotálamo y en áreas cercanas a él, que al ser estimuladas eléctricamente producen efectos de "premio" o de "castigo". Tanto los animales como las personas, cuando se les da la posibilidad de inducir su propia electroestimulación de los centros del placer del cerebro, los activan a ritmos exagerados, olvidándose de necesidades básicas como el hambre y la sed. Cualquiera que haya estudiado el fenómeno de las abducciones se encontrará aquí en un terreno familiar. Los registros están colmados de relatos de increíbles e inapropiadas respuestas sexuales producidas por estímulos extremadamente dolorosos.
Ralph Schwitzgebel y su hermano Robert han producido una cantidad de artefactos para rastrear individuos a largas distancias. Se los puede considerar creadores de los artefactos de "arresto domiciliario electrónico" que aprobaron las Cortes en los Estados Unidos. Los artefactos de Schwitzgebel se pueden usar para monitorear todos los signos físicos y neurológicos de un "paciente" en un radio de cuatrocientos metros. En los trabajos iniciales de Ralph Schwitzgebel, la aplicación de esta tecnología a la electroestimulación cerebral parecía estar limitada por los engorrosos implantes cerebrales, plagados de cables. Pero la técnica pronto fue miniaturizada y se propuso instalar receptores radiales en puntos de un esquema ciudadano de monitoreo, lo que permitiría una capacidad de control de 24 horas. Como Heath, a Schwitzgebel también le inquietaba la homosexualidad y quería usar artefactos intracraneales para combatir las desviaciones sexuales. Pero también habló ominosamente de aplicar estos artefactos a "personas con problemas sociales", algo que, por supuesto, podría significar a cualquiera.
Bryan Robinson, del laboratorio Yerkes de primates, llevó adelante investigaciones fascinantes sobre simios, usando electroestimulación remota en un contexto social. Podía hacer que las madres ignorasen a sus hijos, aunque los bebés lloraran. Transformaba sumisión en dominación y viceversa.
Quizás el delirante más perturbador dentro de este campo de la mente es Joseph A. Meyer, de la National Security Agency (NSA) de los Estados Unidos, el componente más secreto y formidable del complejo de seguridad de Norteamérica. Meyer propuso implantar a más o menos la mitad de los norteamericanos arrestados por cualquier delito, sin necesidad de que sean convictos. La cantidad de "suscriptos" (un eufemismo suyo) al sistema llegarían así a decenas de millones. Los "suscriptos" podrían ser monitoreados continuamente por computadoras, fueran donde fuesen. Meyer sugirió que la carga de semejante sistema podría ser muy pequeña para los contribuyentes si se cobrara el costo a los propios "suscriptos", que serían obligados a pagar un alquiler al Estado por sus implantes. Meyer sugiere que los implantes son más baratos y más eficientes que la policía. Meyer cree que el impulso hacia la criminalidad es inexorable en los que él llama "moradores urbanos" quienes, agrega, son fundamentalmente inútiles en una economía post-industrial. Es posible que "moradores urbanos" sea otro eufemismo de este hombre: él utiliza el Harlem de Nueva York, un barrio bajo, como comunidad modelo para trabajar en los detalles de su sistema de manejo de las mentes.

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